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14 oraciones y frases con sindicatos

Las oraciones con sindicatos que te presentamos a continuación te ayudarán a entender cómo debes usar sindicatos en una frase. Se trata de ejemplos con sindicatos gramaticalmente correctos que fueron redactados por expertos. Para saber cómo usar sindicatos en una frase, lee los ejemplos que te sugerimos e intenta crear una oración.
  • Bajo la dirección de los dos grandes sindicatos (UGT y CNT), se sucedieron las huelgas, se ocuparon campos, se repartieron tierras y se tomaron ayuntamientos.

  • El Parlamento, los partidos políticos, los sindicatos salen al paso de los posibles abusos o atropellos y controlan el ejercicio de los poderes públicos.

  • Este vacío ideológico se apreció en las primeras medidas decretadas por la Junta para los territorios ocupados, dirigidas a acabar con las huellas de la República, y no a levantar un nuevo modelo de Estado: se prohibieron los sindicatos, se disolvieron los partidos políticos, se estableció una rígida censura de prensa y se destituyó a todos los cargos públicos republicanos, desde gobernadores civiles hasta alcaldes.

  • Estos círculos fueron los precedentes de los sindicatos católicos, aunque en realidad eran más bien casinos populares, que contaban con el apoyo de los patronos y cuyo objetivo principal era apartar a los obreros de la taberna.

  • La situación del proletariado, maltratado por el sistema capitalista de la época, impulsa la aparición de los sindicatos y de movimientos socialistas.

  • Los militares sublevados, cuando conquistaban un pueblo o ciudad, eliminaban sistemáticamente a miembros y simpatizantes de partidos y sindicatos de izquierdas, pero entre sus víctimas también fueron numerosos los maestros, tan apreciados por la República, y los intelectuales, entre los que sobresale la fi gura de Federico García Lorca, asesinado al principio de la guerra.

  • Los sindicatos y organizaciones obreras reclamaron la entrega de armas para defender la República, pero Casares Quiroga –presidente del gobierno en el momento de la rebelión– se negó a ello porque eso signi fi caba traspasar de hecho el poder del Estado a los dirigentes sindicales y a los responsables de los partidos obreros.

  • Ni siquiera en Madrid, sede del gobierno central de la República, esta fue capaz de impedir la aparición de órganos de poder alternativos en manos de partidos y sindicatos.

  • Pero con la crisis económica de la posguerra se invirtió la situación: se produjo un crecimiento espectacular de la a fi liación a los sindicatos, y los patronos pasaron de la negociación al enfrentamiento contra la que consideraban una dictadura sindical.

  • Por último, los partidos y sindicatos republicanos habían quedado prácticamente desarticulados por la represión franquista de la posguerra, por lo que su actuación se limitó en la mayoría de los casos a buscar apoyos internacionales desde el exilio.

  • Sin embargo, la implantación del sindicalismo católico, apolítico e interclasista, fue siempre mucho menor que la de los sindicatos de clase (anarquistas y socialistas).

  • Tampoco se pudo evitar del todo la con fl ictividad laboral ni el descontento social, sobre todo en los sectores más izquierdistas, que se consideraban engañados y no aceptaban que partidos de izquierdas y sindicatos hubiesen fi rmado un pacto que cargaba el coste de la crisis sobre los trabajadores.

  • Un sindicalismo estatal: los sindicatos verticales Para controlar el aparato productivo del país, se estableció una organización sindical – fi scalizada por el Estado a través del Movimiento Nacional –, en la que se encuadró de forma obligatoria a empresarios, técnicos y obreros, agrupados por ramas o sectores de producción: sindicato del metal, de la construcción, de banca, etc. La denominación de sindicatos verticales deriva precisamente de este criterio de agrupación por ramas, que integraba en un mismo sindicato al patrón y al obrero de un mismo sector productivo.

  • Una parte de la jerarquía eclesiástica española se fue distanciando del régimen, y numerosos miembros de organizaciones católicas –y no pocos sacerdotes– colaboraron o militaron en los clandestinos partidos y sindicatos de la oposición, en especial el Partido Comunista y Comisiones Obreras.